Martes, 7 de Abril de 2009
Orru

Esta es la segunda parte (y última, lo prometo) de la historia que relaté hace unos días, sobre la noche en la que buenos y malos momentos se mezclaron hasta llegar a surgir lo que los protagonistas ahora conocen como “La Noche Agridulce”.
También está basada en hechos reales, unos pocos días después de lo acontecido en la otra historia.
Está contada en primera persona aunque no me ocurrió a mí. Ahí va:
-¡Chicos! Son Mel y Forrest. Están subiendo. -Fue lo que nos dijeron mis tíos (padres de mi primo Tom) una tarde, cuando ya no teníamos esperanzas de ir a salir a tomar algo.
Al subir nuestros amigos, Mel, emocionadísima, nos contó que iba a preparar una romántica comida para su novio Francoise (de origen francés) y que había comprado una delicatessen de la categoría de las angulas. No había comprado demasiadas, pero quería que se viera el entusiasmo puesto para lograr una inolvidable comida junto a su pareja.
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Lunes, 30 de Marzo de 2009
Orru

El mayor atractivo de la historia que voy a relatar a continuación, creo yo, es que está basada en hechos reales. No es una historia de miedo ni nada así, pero aquella noche marcó a todos los presentes.
Está contada en primera persona aunque no me ocurrió a mí. Ahí va:
-Hola!!! -fue la primera palabra que escuché a Mel.
Ella era amiga de mi primo y su amigo, y esta era el día en el que nos presentarían oficialmente, dejando de lado la multitud de veces en las que ambos habìamos oído hablar del otro.
Mel iba sentada en el asiento del copiloto en el coche de Jason, quien conducía. Mi primo Tom y yo acabábamos de subirnos al vehículo con intención de ir a ThreeWaters Comercial Center, un centro comercial cercano al lugar donde nos encontrabamos. Allí, Mel quería comprarse algo de ropa para una fiesta que tendría lugar el día siguiente y a la que, dicho sea de paso, estabamos invitados.
Durante el trayecto a ThreeWaters pude ver lo dicharachera y abierta que Mel parecía, mientras yo, como de costumbre en mis primeros encuentros, me quedaba callado y sonriente. Con el paso de la tarde, Mel y yo fuimos conociéndonos poco a poco, la mayoría de las veces gracias a las bromas o comentarios ingeniosos que ella hacía y a los que yo únicamente respondía con monosílabos o frases excesivamente cortas.
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