Noche Agridulce (segunda parte)

Esta es la segunda parte (y última, lo prometo) de la historia que relaté hace unos días, sobre la noche en la que buenos y malos momentos se mezclaron hasta llegar a surgir lo que los protagonistas ahora conocen como “La Noche Agridulce”.
También está basada en hechos reales, unos pocos días después de lo acontecido en la otra historia.
Está contada en primera persona aunque no me ocurrió a mí. Ahí va:
-¡Chicos! Son Mel y Forrest. Están subiendo. -Fue lo que nos dijeron mis tíos (padres de mi primo Tom) una tarde, cuando ya no teníamos esperanzas de ir a salir a tomar algo.
Al subir nuestros amigos, Mel, emocionadísima, nos contó que iba a preparar una romántica comida para su novio Francoise (de origen francés) y que había comprado una delicatessen de la categoría de las angulas. No había comprado demasiadas, pero quería que se viera el entusiasmo puesto para lograr una inolvidable comida junto a su pareja.
Estuvimos hablando un rato, hasta que llegamos a la conlcusión de que debíamos salir a cenar algo y llamar a nuestro amigo Jason, que probablemente ya habría vuelto de pasar el día en su pueblo, Braeyes.
Este nos dijo que no podría quedar, porque tenía que solucionar unos problemillas con la bici que acababa de traer del pueblo, pero que nos llamaría en caso de cambio de planes. Mel, Forrest, mi primo Tom y yo compramos unas bebidas en una tienda cercana y nos sentamos en un banco a beberlas. Decidimos que podría ser una buena idea ir a cenar a un restaurante especializado en sandwiches y bocadillos llamado Tobillo, pero antes de eso debíamos ir a casa de Mel a pasear a su perro Malfoy. De camino a casa de nuestra amiga, mi primo dijo que le dolía la cabeza: sintoma claro de sus habituales ataques. De ese modo, ya prevenidos, continuamos nuestro camino. Como sospechabamos, el ataque de ansiedad no dudó mucho en llegar, y mi primo calló redondo al suelo, con la suerte de que alguno de los que le acompañábamos le sujetara la cabeza a tiempo para evitar daños mínimamente graves. Pasaron unos minutos hasta que mi primo se recuperó, y cuando lo hizo, volvimos a emprender nuestro camino a casa de Mel.
Tras pasear a Malfoy llegó el momento de ir a Tobillo, ya que teníamos hambre. Allí cojimos unos cuantos sandwiches, unas Coca Colas y cenamos mientras, entre risas, nos poníamos al día.
Entonces queríamos ir al parque donde casi todas las noches ibamos, al lado de un viejo barco mercante abandonado, para subirnos a una piramide de cristal hueca por dentro donde solíamos sentarnos a beber y charlar. A Mel se le ocurrió la idea de comprar unas velas, ya que, sumergiéndonos lentamente en la oscuridad de la noche, cada vez se veía peor. Estuvimos allí un par de horas y después decidimos ir otra vez a casa de Mel a jugar a la consola.
Forrest había venido en moto y yo me había sacado el carnet de conducir poco tiempo atrás, así que le pedí que me dejara conducirla, a lo que, con buen humor, me respondió: “Vale, pero si te la cargas, la pagas tú”. Yo, confiado de mis habilidades, acepté su condición. Llegamos a la conclusión de que:
-Primero, yo conduciría con Forrest detrás de mí guiándome hasta casa de Mel.
-Después, yo me quedaría en el portal de Mel y Forrest la recogería a ella y a mi primo (ilegalmente, por supuesto, pero era de madrugada y no habría demasiada policía) y los llevaría también a casa de Mel.
Y así lo hicimos. Cogí la moto, Forrest montó detrás y, a pesar de dar algún que otro viraje en alguna ocasión, llevé sano y salvo a Forrest. Me bajé de la moto, el montó delante y me dijo que en 5 minutos, aproximadamente, estarían conmigo.
Yo me senté en unas escaleras, esperando en el silencio de la noche a reunirme con mis amigos.
Miré el reloj y vi que ya habían pasado 5 minutos, así que empecé a inquietarme ligeramente. Al ver que el tiempo pasaba y que ellos no aparecían pensé en llamarles, pero recordé que no tenía saldo en el teléfono móvil, así que deseché la idea. Cuando estaba a punto de andar hacia donde deberían estar, oí que un ciclomotor se acercaba y me alegré al ver que Forrest y Mel se acercaban hacia mí. Pero me sorprendió que mi primo Tom no estuviera con ellos.
Así que se les pregunté la razón.
Entre dudas e inquietudes me contaron que la policía les había visto a los 3 en la moto y les habían parado. Además, les habían puesto una multa de 150 € por ir uno de ellos sin casco pero tuvieron suerte de que los policías se “enrollaron” y no tuvieron en cuenta el exceso de viajantes (siendo además la multa de este delito bastante más alta que la del casco).
Les pregunté dónde estaba mi primo, y me dijeron que él se había bajado y se dirigía hacia nosotros andando. Entonces me tranquilicé.
De pronto vimos llegar a Jason en su ya arreglada bici, le pregunté que cómo sabía que estábamos allí y me dijo que Mel le había escrito un mensaje al móvil contándoselo.
Le explicamos lo ocurrido y al ver que mi primo no llegaba le pedí que me dejara la bicicleta para cruzarme con él en la trayectoria que debía tomar para llegar hasta nosotros. Cuando volví sin haberme encontrado con él, nos preocupamos bastante, y Jason decidió llamarle al teléfono. Tom le dijo que ya estaba bien, pero que había sufrido uno de sus ataques de ansiedad. Además, le dijo que alguien había llamado a la policía al verle en el suelo convulsionando y que 8 policías habían aparecido, preguntándole si estaba bien, si había bebido en exceso y si se había drogado, a lo que él, con total sinceridad, les respondió que no. Le recomendaron que esperara a que llegara el servicio médico de emergencias, pero él dijo que no hacía falta, que se dirigía hacia casa de un amigo donde tenía medicinas para su problema.
Mis amigos y yo nos tranquilizamos al saber que, al menos, él estaba ya bien. Le pedí de nuevo a Jason su bici, y me la dejo otra vez. Me encontré con Tom y me puse a su lado para preguntarle si estaba bien, a lo que me respondió que sí, pero que tenía la cabeza mojada, no sabía si de sangre, de agua que alguien pudiera haberle echado, o de algo más.
Ya todos juntos entramos en la urbanización de Mel, donde, antes de llegar a su portal, mi primo me dijo que le dolía mucho la cabeza otra vez.
Yo le dije que ya estábamos llegando, y que se apoyara en mí para que, en caso de caerse, pudiera agarrarle y evitar que se golpeara.
Y así fue: poco después de avisarme, cayó desplomado, aunque pude sujetar su cabeza de forma de que no se diera contra el suelo con ella. Avisé a mis amigos (que iban algo adelantados a mí) y juntos intentamos mantener a Tom quieto, para evitar que, al convulsionar, se hiciera daño.
Pasó un largo rato hasta que se recuperó, pero al hacerlo subimos a casa de Mel, donde Malfoy (su perro) nos esperaba.
Estuvimos allí largo rato, en el que, inexplicablemente, Malfoy no paraba de intentar chuparle la cara, las orejas y las manos a Tom, consiguiéndolo en ocasiones gracias a Mel, que lo levantaba cómicamente para acercarlo a él.
Forrest estaba preocupado por la multa y por la posible bronca que sus padres le echarían, así que intentábamos animarlo de diversas maneras, rara vez consiguiéndolo.
Nos pusimos a jugar a la consola hasta que Forrest pensó que era hora de marcharse. Así que nos despedimos de él y seguimos jugando un rato más, hasta que Tom me avisó de que tenía que ir al baño, pero le dolía la cabeza.
Conscientes de lo que ese dolor de cabeza podría suponer, le acompañé, después de prometerle que en caso de que le diera un ataque evitaría que Mel lo viera desnudo. Orinó y cuando hubo acabado se abrazó a mí y dejó de hablar, así que yo ya sabía que pasaba. Llame a Jason y Mel para que me ayudaran a tumbarlo en algún sitio antes de que empezara con las convulsiones. Estos llegaron, abrocharon los pantalones a mi primo (quien no había tenido tiempo de hacerlo) y Jason, con gran fuerza, cogió a Tom en sus hombros y lo llevó al sofá, donde podríamos sujetarlo más fácilmente. Recordé que en una ocasión Tom me había pedido que le grabara un ataque para que él pudiera ver cómo era, así que pedí a Mel que lo hiciera mientras Jason y yo le sujetábamos, sobre todo, la cabeza y las extremidades.
Pasó un rato y se le pasó el ataque, así que nos sentamos, pusimos una película llamada “School of Rock” (protagonizada por Jack Black) y la vimos hasta pasadas las 5 de la madrugada.
Entonces, una vez acabada la película, Jason, Tom y yo nos marchamos, dejando que Mel pudiera descansar y con ganas de hacer lo mismo nosotros.
Jason nos acompañó hasta casa y después, subimos, nos tumbamos y nos dormimos hasta media mañana.