Inicio > Relatos > Noche Agridulce (primera parte)

Noche Agridulce (primera parte)

Lunes, 30 de Marzo de 2009 Orru Dejar un comentario Ir a comentarios

El mayor atractivo de la historia que voy a relatar a continuación, creo yo, es que está basada en hechos reales. No es una historia de miedo ni nada así, pero aquella noche marcó a todos los presentes.

Está contada en primera persona aunque no me ocurrió a mí. Ahí va:

-Hola!!! -fue la primera palabra que escuché a Mel.
Ella era amiga de mi primo y su amigo, y esta era el día en el que nos presentarían oficialmente, dejando de lado la multitud de veces en las que ambos habìamos oído hablar del otro.

Mel iba sentada en el asiento del copiloto en el coche de Jason, quien conducía. Mi primo Tom y yo acabábamos de subirnos al vehículo con intención de ir a ThreeWaters Comercial Center, un centro comercial cercano al lugar donde nos encontrabamos. Allí, Mel quería comprarse algo de ropa para una fiesta que tendría lugar el día siguiente y a la que, dicho sea de paso, estabamos invitados.

Durante el trayecto a ThreeWaters pude ver lo dicharachera y abierta que Mel parecía, mientras yo, como de costumbre en mis primeros encuentros, me quedaba callado y sonriente. Con el paso de la tarde, Mel y yo fuimos conociéndonos poco a poco, la mayoría de las veces gracias a las bromas o comentarios ingeniosos que ella hacía y a los que yo únicamente respondía con monosílabos o frases excesivamente cortas.

Tras pasar una hora o dos en ThreeWaters en las que Jason, Tom y yo intentabamos seguir el incansable ritmo al que Mel caminaba entre las tiendas en busca de la ropa necesaria, decidimos cenar en la hamburguesería del Gran Kahuna, que estaba en la zona de los bares y restaurantes del centro comercial. Mientras nos comíamos nuestras hamburguesas, Mel empezó a hacer preguntas tipo:

-¿Qué actor prefieres: Jack Nicholson o Sean Connery?

Y, por turnos, todos respondimos. De este modo, nos lo pasamos bien riéndonos de las explicaciones que nuestros amigos daban para hacernos ver la razón de su elección.

Tras esto, nos subimos en el coche de nuevo y nos dirigimos a casa de Mel, donde su perro Malfoy esperaba con ansiedad el regreso de su ama para salir a pasear. Al volver, cogimos unos cuantos juegos para poder ir a casa de Jason (cuyos padres estaban pasando unos días en un pequeñísimo pueblo llamado Braeyes) y jugarlos allí.

Con el paso de las horas, empezamos a bebernos una botella de ron que Jason tenía en la nevera, acompañando los tragos con Coca Cola. Poco a poco el ambiente iba calentándose en su justa medida, con pequeñas insinuaciones por parte de Mel hacia Jason (siempre en tono humorístico) mientras cada vez se notaban más los efectos del alcohol.

De pronto, alguien se dio cuenta: el ron se había acabado!!!

Mi primo y yo nos ofrecimos voluntarios para ir a una tienda abierta las 24 horas del día a por más, y mientras andabamos en dirección a la tienda no pudimos evitar el pensar en qué nos podríamos encontrar al volver a casa, teniendo en cuenta la tensión sexual que siempre había habido entre Jason y Mel y el alcohol que estos habían ya tomado.

Para nuestra suerte, al volver todo estaba tranquilo. Al principio nos asustamos al ver que Mel y Jason estaban en la habitación de este, pero nos tranqulizamos al comprobar que, a pesar de estar tumbados en la cama, nada extraño había ocurrido.

Volvimos a sentarnos en el sofá y empezamos a jugar al ya mítico juego “Yo nunca he…”. Tras unas cuantas risas y muchos tragos, a mi primo Tom le dio uno de sus ya habituales ataques de ansiedad, en los que, inconsciente, empieza a convulsionar durante unos pocos minutos. Aunque no era la primera vez que lo veía, yo me asusté un poco, pero, soprendentemente, Mel y Jason actuaron con bastante serenidad, teniendo en cuenta su estado. Tom despertó y sin darle importancia al asunto, seguimos jugando un rato.

Entonces fue cuando todo ocurrió:

Jason se levantó con las manos en el estómago, claro síntoma de que iba a vomitar. Y así fue. Pocos segundos después de esto, Mel calló inconsciente al suelo, a lo que, aterrorizados, mi primo Tom y yo reaccionamos con diligencia. Jason, ya incorporado y parcialmente recuperado, corrió también hacia nosotros. Estuvimos unos pocos segundos (que se hicieron eternos) intentando reanimar a Mel, y de pronto, esta tosió y se semi-incorporó, quejandose de fuertes dolores en el estomago y con una extremadamente costosa respiración. Nos dijo que todo se debía al vómito que acababa de ver, ya que tenía una especial sensibilidad hacia ellos, así que mi primo me pidió que lo limpiara antes de que Mel volviera a verlo y empeorara. Yo, dubitativo, pregunté a Jason dónde había servilletas de papel para limpiarlo, a lo que este respondió. Empecé a limpiar los restos de ron y vilis que Jason había vomitado, cuando la respiración de Mel empeoró aún más.

Yo saqué instintivamente el teléfono móvil con intención de llamar al número de emergencia, a lo que Jason, Tom e incluso Mel me respondían que no lo hiciera, que no hacía falta. Yo les hice caso y no llamé, aunque no estaba muy seguro de estar haciendo lo correcto.

Pude oír a Mel diciendo que su médico ya conocía estos ataques y le había recomendado que los solucionara por sí sóla.

En ese momento, mi primo Tom, todavía asustado, volvió a tener otra crisis de ansiedad, por lo que pedí a Jason que se quedara con Mel mientras yo sujetaba a Tom para que no se golpeara en una de sus convulsiones. Se recuperó bastante rápido y le pedí que se sentara en el sofa y que se tranquilizara, porque si seguía tenso podría volver a darle otra crisis, y eso era exactamente lo que menos nos convenía viendo el estado de Mel.

Ella pareció mejorar bastante tiempo después, así que Jason se fue a tumbarse un poco en su cama para tranquilizarse mientras Tom y yo nos quedamos con ella, cuando esta corrió al baño a escupir, ya que la boca le sabía mal. Escupió sangre, a lo que yo le dije que no pasaba nada, ya que probablemense se habría hecho una pequeña herida en la garganta al toser tan violentamente como lo había hecho (esto le pasaba a veces a mi primo durante sus ataques) pero ella me respondió que no, que lo suyo era peor: era bulímica.

Mi primo y yo nos miramos a los ojos mientras ella nos decía que no quería que Jason se enterara, ya que él era su mejor amigo.

Pasó un rato y mi primo y ella se fueron al sofá a relajarse, aunque ella seguía respirando con dificultad. Yo me senté junto a Jason y le pregunté cómo estaba. Él me dijo que bien, pero que no volvería a beber en su vida. Además me dijo que había escuchado lo que Mel nos había contado a Tom y a mí. Yo le dije que de acuerdo, que era un mal asunto, pero que sería mejor hablarlo el día siguiente, cuando todos, ya sobrios, estuvieramos bien y tranquilos. Él me dijo que sí, que eso sería lo mejor.

En ese instante oímos un grito de Mel que en un principio nos hizo gracia: ¡¡¡ME HA BESADO!!! Jason y yo nos miramos soprendidos y nos levantamos para ir al salón, donde Tom y Mel estaban.

Tom nos contó lo que había ocurrido: Mel había vuelto a quedarse inconsciente, pero esta vez sin respiración. Tom no había sabido qué hacer, pero al final había tomado la decisión más valiente y “heróica” de la noche. Hacerle el boca a boca a Mel.

Ella, en un principio, no había reaccionado bien, no se daba cuenta de la gravedad, aunque estoy convencido de que más tarde se dio cuenta de que lo que Tom le había hecho no era darle un beso.

Jason ayudó a Mel a levantarse para llevarsela a su habitación, de forma que pudiera tumbarse y descansar en su cama. Tom estaba pálido y con la mirada perdida, y no paraba de repetir que había tenido a su amiga muerta en sus brazos y no había sabido qué hacer. Yo me limité a intentar convencerle de que había hecho exactamente lo que debía, y que lo había hecho bien. Además, trataba de evitar que pensara en ese acontecimiento tan, digamos, traumático para que no le dieran más ataques. Oímos de nuevo que Mel gritaba que le había besado, y esta vez fue Jason quien había salvado la vida de su mejor amiga al hacerle el boca a boca cuando ella había vuelto a quedarse sin respiración. Pasó el rato y Mel parecía ya estar bien, al igual que Tom, Jason, y yo mismo, aunque la situación era bastante caótica.

Eran aproximadamente las 4 de la madrugada, Jason estaba pensativo en su cuarto, Mel, ya totalmente recuperada y probablemente en un intento de evadirse, estaba leyendo unos comics, riéndo en el sofa. Tom estaba con Jason, comentando lo ocurrido en esa noche que pasaría a ser conocida como “La Apoteósica” o “La noche agridulce” debido a lo bien que lo habíamos pasado en un principio y lo angustioso que pasó a ser todo en cuestión de segundos.

Yo, también pensativo, estaba sentando en el sofá cercano a Mel, vigilando de vez cuando que ella estuviera bien.

Al ver que nada cambiaba, me fui con Jason y Tom, me senté en una silla y hablé con ellos. Tom se levantó, diciéndonos que tenía que ir al baño. Jason y yo seguimos hablando hasta que oímos ruidos extraños, como si algo bastante pesado hubiera caído al suelo. Nos levantamos rápidamente, temiendonos lo que ocurría. Nos acercamos a la puerta del baño (mientras veíamos que Mel venía también) y preguntamos a Tom si se encontraba bien. Él no respondió y supimos que le había dado otro ataque. Intentamos abrir la puerta del baño, pero había algo trabandola. Pudimos abrirla lo suficiente como para ver que mi primo estaba tirado en el suelo, convulsionando como siempre. Empujé la puerta (quiza haciéndole daño en la pierna) lo suficiente como para poder pasar y sujetarle mientras intentaba que volviera en sí. Segundos después despertó y les dije a Mel y Jason (que esperaban fuera) que todo iba bien, que Tom ya se había recuperado.

Salimos del baño, Mel se volvió a poner a leer comics y Jason, Tom y yo nos pusimos de nuevo a hablar sobre todo lo acontecido en esta tan extraña noche.

Pasó un rato en el que los tres hablabamos hasta que durante unos segundos Tom estaba callado. La luz estaba completamente apagada, por lo que no podíamos ver si su gesto era el normal. Entonces sentimos que se resbalaba de la cama y se golpeaba contra el suelo. Rápidamente nos levantamos, encendimos la luz y vimos que le había dado el 4º (y último) ataque en esa noche. Se le pasó rápido y todo pareció calmarse completamente.

Ya eran aproximadamente las 6 de la madrugada y todos estabamos completamente despejados (ya que prácticamente no había habido tiempo para relajarse) cuando alguien propuso que sería una buena idea que durmieramos todos un poco, así que Mel nos dijo que se pondría el despertador a las 8 de la mañana porque tenía que ir a volver a pasear a Malfoy, su perro.

Nos tumbamos y descansamos esas 2 horas, despertandonos por lo menos 2 veces al gritar Mel el tiempo que quedaba para que fueran las 8 (No entendí muy bien la razón).

P.D: los nombres no son los reales, los cambié para no poder identificar a las personas, por si alguien cercano a dichas personas leía estas líneas. Jejje

Categories: Relatos Tags: , , ,
  1. Lunes, 30 de Marzo de 2009 a las 15:26 | #1

    ¡Santo Cielo, pero qué lío de noche!

    Pero sí, atodos nos ha pasado: estar pasando un día/noche de puta madre, y en los últimos 5 minutos, justo antes de irse a casa o a dormir, ocurrir algo que, en cuestión de segundos, nos agua la fiesta por completo… (Léase mi artículo sobre las gafas).

  2. Lunes, 30 de Marzo de 2009 a las 21:49 | #2

    dios.. que noche mas estresante..

  1. Martes, 7 de Abril de 2009 a las 14:46 | #1